Sé tu propi@ maestr@

Actualizado: 21 de mar de 2019




Moshé Feldenkrais dijo: “Voy a ser su último maestro. No porque yo sea el mejor maestro que ustedes puedan encontrar, sino porque de mí aprenderán cómo aprender. Cuando aprendan cómo aprender se darán cuenta de que no hay maestros, sino solamente personas que aprenden y personas aprendiendo cómo facilitar el aprendizaje.”

¿Cómo se hace esto?


La escolaridad tradicional nos entrega algunos aprendizajes que no son parte del currículo declarado: aprendemos a no seguir nuestra propia curiosidad, sino que un programa de estudio impuesto desde arriba que es igual para todos; aprendemos que para aprender nos tenemos que quedar quietos, sentados e inmóviles; aprendemos que cada uno vale por sus logros y a no poner en práctica la cooperación; aprendemos que si nos movemos mucho, si hablamos con el compañero que está al lado, si nos distraemos o seguimos un pensamiento o una idea que no sea la programada, estorbamos el aprendizaje. Aprendemos que el profesor es el que tiene las respuestas, y que nuestra atención debe fijarse en él. Todos estos aprendizajes, adquiridos a lo largo de la larga escolaridad son de hecho obstáculos para el aprendizaje.


Podemos observar el tremendo aprendizaje que hacemos en los primeros dos años de vida. Nacemos sin saber hacer nada voluntariamente; absolutamente nada. A los dos años hemos aprendido a rodar, gatear, caminar y correr, mantener el equilibrio y hablar. Ningún título universitario siquiera se acerca a tal hazaña.


¿Cómo sucede este tremendo aprendizaje? Nos encontramos en movimiento perpetuo, nuestra atención responde y se dirige hacia los estímulos externos, a lo que sucede a nuestro alrededor; a veces también pasamos largos momentos dirigiendo la atención hacia adentro, a las sensaciones físicas, a las emociones, a la percepción del propio cuerpo. No seguimos ningún plan de estudio y no tenemos profesores profesionales. Observar e imitar a los padres, a los hermanos y primos, es más que suficiente.


Lo que nos permite crecer aprendiendo constantemente es la libertad para movernos, la exploración que sigue nuestra curiosidad innata, la interacción con el mundo que nos rodea, y, obviamente, el juego. Estos cuatro elementos esenciales desaparecen cuando entramos a una institución educacional. Lo que hasta entonces motivaba nuestro aprendizaje se convierte en algo prohibido. El sistema parece hecho para impedir el aprendizaje.


La fallecida Dra. Karyn Purvis, directora del Centro de desarrollo infantil de la Universidad Cristiana de Tejas afirmó: “Recientemente, los científicos han determinado que para crear una nueva sinapsis en el cerebro se necesitan aproximadamente 400 repeticiones. Sin embargo si esto se hace en un contexto lúdico, ¡solo se necesitan entre 10 y 20!”

No es mi intención propagar una teoría conspirativa, pero la ineficiencia del sistema escolar es más que evidente. Salimos después de doce años con un horario de trabajo que muchos adultos encontrarían excesivo, y no sabemos hacer nada útil, carecemos de habilidades laborales y de herramientas para la supervivencia básica; salimos con habilidades sociales precarias, con el auto-conocimiento en el punto cero, y, en muchos casos, con la autoestima bajo cero. Muy a menudo nuestra curiosidad se ha apagado por completo y hemos entendido que los deseos propios no importan, y que más vale obedecer a la autoridad.


Cuando digo “sé tu propio maestro” me refiero entonces a recuperar algo que todos hemos tenido: volver a esa curiosidad primaria, a esa habilidad infinita de aprendizaje que nos permitió llegar a ponernos de pie y dar los primeros pasos, a tener estructuras lingüísticas complejas sin haber tomado ni una clase de gramática.


Para volver a ser mi propio maestro necesito volver a encontrarme con mi curiosidad y darme permiso para seguirla; volver a jugar y encontrar muchas posibilidades antes de adoptar la versión supuestamente correcta. Y necesito estar en movimiento y jugar.


Ofrezco todo esto en mis clases. No te voy a dar respuestas ni recetas hechas; yo no tengo tus respuestas, pero tú sí las tienes. Yo te puedo ayudar a escuchar mejor tu voz interior y afinar esta escucha, a volver a moverte con ese afán de jugar, explorar y descubrir. Te puedo ayudar a reencontrar y volver a confiar en tu propio maestro interior, el que tiene las respuestas que son tuyas.

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